
Ochenta años de presencia Avemariana en El cerrico

Ochenta años de presencia Avemariana en El cerrico
11 de enero de 2026
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Hace 80 años, el 18 de diciembre de1945, llegaban al barrio albaceteño de El Cerrico de la Horca, hoy conocido como La Estrella, las religiosas Operarias del Divino Maestro, Avemarianas-, congregación fundada por el Sirvo de Dios Miguel Fenollera Roca.
Venían de Benimámet (Valencia) para responder a la invitación de Dios, mediada en la llamada del gobernador civil de Albacete, Francisco Rodríguez Acosta, preocupado por la creciente población que llegaba a la periferia de la ciudad, víctima de la pobreza de la posguerra.
Aquella primera comunidad, conformada por tres mujeres valientes y generosas, -las hermanas Rosa, Elvira y Flora- llegó a la zona más pobre de Albacete para vivir el carisma institucional: instaurar a Cristo en las familias, educando en la dignidad.
Pronto, en aquellos complicados años cuarenta, las avemarianas se convirtieron en faro luminoso de El Cerrico. Fueron dando vida al colegio el Ave María, acogiendo desde los primeros días un buen número de niñas y niños, convirtiéndose así en respuesta a la necesidad educativa de las familias. Atendieron y sirvieron en el comedor social, situado junto al convento; hicieron las veces de enfermeras en el dispensario, visitando los hogares para dar seguimiento a las indicaciones médicas recibidas por las familias en cuestiones de salud.
Poco después, con la llegada de la Hermana Pilar Martí, quien lideró y preparó todo lo necesario para dar inicio al taller de bordado, se dio protagonismo a las jóvenes mediante este espacio de aprendizaje, que adquirió fama en toda la ciudad y fue medio de trabajo posterior para algunas. En el día a día y en el tiempo atendieron el banco de alimentos, en ocasiones con escasos recursos y, otras veces, viviendo la multiplicación de los panes y peces.
La casa de acogida fue, en su momento, respuesta para un grupo de niñas que pudieron crecer como familia, en amor y dignidad. Tampoco se descuidó la pastoral parroquial (catequesis, campamentos…), ni la formación para jóvenes y adultos mediante diferente talleres o cursos. Todo aquel que llamaba a la puerta de la comunidad religiosa la encontraba siempre abierta.
Las religiosas eran también buscadas en el barrio para mediar en conflictos familiares, ayudando siempre a restaurar la armonía y la paz. El teléfono de la comunidad religiosa, único en el barrio, fue de utilidad pública: todos podían llamar y recibir llamadas. Era frecuente ver a alguna hermana corriendo por las calles para avisar a quienes eran reclamados, convirtiéndose así en mensajeras de buenas nuevas.
Las religiosas en el barrio son una institución. La gente pregunta habitualmente por las hermanas que, con el paso del tiempo, han formado parte de esta comunidad y que, al haber sido destinadas a otros lugares, hace ya años que no ven. Han acompañado y ayudado incansablemente a las familias, siendo para ellas pilar y refugio; por eso guardan tan hermosos recuerdos. Las hermanas de la actual comunidad destacan que es «muy hermoso compartir con la gente de nuestros barrios una memoria agradecida de tantas historias y realidades en las que las religiosas avemarianas han estado presentes, siendo testigos creíbles del amor de Dios»
«La educación cristiana del pueblo por caridad», es su carisma, regalado por el Espíritu Santo, sigue haciéndose presente por el trabajo de las Operarias del Divino Maestro, además de en Albacete, en Valencia, Madrid, Bilbao, Manresa, Chile, Puerto Rico y República Dominicana.
Actualmente, el colegio acoge más de 300 alumnos, todos de etnia gitana, desde los tres años hasta 4º de ESO, trabajando en misión compartida con el deseo de continuar educando en la dignidad y construir para ellos un futuro esperanzador desde la corresponsabilidad, llevando esta Obra de Dios hasta donde Él quiera.











