José Joaquín Tárraga
|
15 de febrero de 2026
|
37
Visitas: 37
Jesús es Aquel que no ha venido a poner todo patas arriba. Su misión no es la de destruir, sino la de dar plenitud. Jesús y su Evangelio es una llamada a construir.
Jesús trae una novedad, y es una nueva forma de mirar la vida. Pero no es una novedad que empieza de la nada. Toda vida puede regenerarse por completo desde la realidad de cada uno, con nuestro pasado, con la historia personal de cada uno. Jesús mira y empieza a construir una vida nueva desde la realidad de cada uno. Asumimos nuestra vida y miramos al futuro.
Un futuro que es de máximos. La llamada es a darlo todo, a entregarlo todo. No se trata de cumplir y ya está. Se pide gastarse por completo, no guardarse nada. La novedad de Jesús no es romper con la tradición, con las reglas, con la Ley, sino darles una nueva luz para que tengan sentido en el corazón de las personas.
No hay relajamiento en la exigencia. El Evangelio es una llamada a darse por completo. Defendamos los valores, los principios, la dignidad, pero no destruyendo, sino construyendo. Conjuguemos lenguajes constructivos y alentadores. El Evangelio es una llamada a crecer y a edificar.
Dicen que cuando uno desea algo y lucha por ello, una vez conseguido vuelve a crearse otra necesidad, otro deseo. Con Jesús pasa lo mismo: siempre estamos en camino de perfección, siempre vamos creciendo. Una vez que conseguimos un bien, deseamos otro mayor. Siempre hay en nosotros un deseo de santidad y purificación.
Lo malo es cuando nuestros deseos no son puros ni santos, cuando en el corazón no hay búsqueda del bien, sino cumplimientos mínimos. La llamada es a crecer, a enseñar, a proclamar la belleza de darlo todo por Jesús, de darse sin guardarse nada. Todo para Él.




