Ramón Sánchez Calero

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18 de julio de 2020

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Poco a poco el verano va avanzando. Un verano atípico, como lo fue la primavera. El mundo se siente azotado por la terrible pandemia que ha dejado sus marcas para siempre en los miles de fallecidos y sus secuelas, creemos que temporales, en los muchos hombres y mujeres que han superado la enfermedad.

En en este tiempo, Jesús nos invita a sembrarjunto a otros sembradores, y nos invita a respetar el crecimiento desigual de las semillas. Fue el evangelio del domingo pasado y es el evangelio de este domingo. En ambos, lo importante es el sembrador, que no es otro que Él, y la semillaque Él arroja en el surco. A diferencia del domingo pasado, en éste, hay un matiz importante en el evangelio: La buena semilla son los ciudadanos del Reino; la mala semilla o cizaña son los partidarios del maligno.”

“A todos nos da el cuidado el buen Dios. A todos nos juzga con moderación y gobierna con indulgencia”. “Obrando así, enseñas a tu pueblo que el justo debe ser humano”. (Sab. 12, 16-19).

 

Hoy, es la Iglesia, entera, la llamada a realizar la tarea de la evangelización; la tarea de la siembra gozosa de la Buena Nueva. Son los corazones de quienes hemos recibido la buena semilla, los enviados a seguir arrojando la semilla en el “gran campo del mundo”. Muchas veces con un alto nivel de aridez; otras con un índice de indiferencia muy grande; otras con el cansancio en los corazones de aquellos que con gozo recibimos la semilla. 

Los tiempos son recios para los sembradores del Reino. Es necesario crear espacioscálidos y de acogidaen el seno de la misma Iglesia, donde se mitigue la aridez del terreno y la impetuosidad del oleaje que arrasa lo sembrado. No podemos dudar del esfuerzo, del empeño, del compromiso de los evangelizadores (Presbíteros, diáconos y laicos) en estas tierras de llanuras y de sierras que es Albacete; no podemos dudar desus identidades como cristianos y cristianas, que en medio de las complejidades de la sociedad buscan sembrar buenas semillas donde otros también están sembrando otras clases de semillas. Ellos y ellas construyeron, levantaron, animaron, cuidaron, y ya tienen su historia en la configuración de nuestra Iglesia, de nuestras comunidades.

Podemos caer en la tentación de la impacienciapor recoger los frutos y esa impaciencia hacernos arrancar los tallos tiernos que empiezan a brotar en medio de malas semillas. En la provincia de Albacete, tenemos dos zonas agrícolas que denominan zona ZEPA (zona de especial protección de aves) una al este: laguna Pétrola, Montealegre, Bonete, etc; otra al oeste: El Bonillo, El Ballestero, Lezuza, etc. La siembra de las semillas ha de ser integral, es decir, respetando el ciclo biológico de todas las semillas que nazcan (buenas y malas). No se pueden echar fungicidas y la recolección ha de ser al final del ciclo de todas las semillas, incluso después del ciclo de reproducción de las aves esteparias. Será en la siega, a partir del mes de julio, cuando se separe la mala de la buena semilla y esa paciencia habrá hecho que la buena semilla se recoja más madura, pues no ha sido arrancada al arrancar la mala e, incluso, alguna mala semilla pueda haber servido como refugio o alimento de las aves. Este ejemplo nos ilustra sobre lapaciencia y el trabajo integral que ha de realizar el evangelizador al arrojar las semillas del Reino.

Otra tentación del evangelizador es quedarse en los medios, las formas, los métodos,los procedimientos.Esto nos hace ser evangelizadores sin espíritu. Esto hace que la semilla no prenda, pues no ha sido sembrada con el “humus del contagio” que hace qué la semilla se “contagie”, se agarre a la tierra.

Contra esta tentación, el Papa Francisco habla de evangelizadores con Espíritu, es decir, evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo.Jesús quiere que los que anunciamos la Buena Noticia no sea solo con las palabras sino, sobre todo, conuna vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios”.(G.E. 259).

“Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan…No sirven las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón… Siempre hace falta cultivar un espacio interior que transforme la vida y dé sentido a nuestras actividades y compromisos…” (E.G. 262).

Un día más, Jesús nos invita a continuar sembrando las buenas semillas del Reino con gozo, con alegría, con paciencia y, sobre todo, con obras.