María José Alfaro
|
4 de enero de 2026
|
6
Visitas: 6
Acaba de comenzar el año y parece que todos seguimos transformados; nos invade el espíritu navideño de alegría, encuentros y buenos deseos. Supongo que nos gustamos así. ¿Quién no desea verlo todo con alegría, como olvidando los problemas por unos días y sobrellevando las ausencias? ¿Quién no desea la paz y encontrarse con quienes quiere?
Sin olvidar que la Navidad es mucho más que buenos deseos y transformaciones temporales, quiero pediros que nos dure. Que dure el amor que parece invadirlo todo; que dure la alegría y la esperanza para vivir día a día; que dure esa paz que tratamos de tener y que también invada los corazones de quienes tienen en sus manos la resolución de conflictos.
Al escribiros este año me invaden, entre lágrimas, el recuerdo de muchas situaciones difíciles que en este último año he conocido. Sé que no está en vuestras manos curar enfermedades, ni gestionar la soledad, ni rellenar huecos del corazón. Pero si os pido el deseo de no olvidarme de todos ellos, para que sigan en mis oraciones ante Aquel que sí es bálsamo, consuelo, esperanza y amor para tantas heridas.
También quiero pediros parecerme un poquito a vosotros: para saber discernir bien entre lo humano y lo divino y no dejarme llevar por el mal disfrazado de bien; para no tener pereza y ponerme en camino; para tener manos generosas y compartir no sólo lo material, sino lo que soy; para tener un corazón capaz de reconocer la Verdad, flexible y humilde para inclinarse ante el Niño Jesús, allí en Belén y hoy aquí.
Queridos Reyes Magos, que todos sepamos valorar no sólo el obsequio material, sino las manos que lo traen, el corazón que lo dispuso y los pasos que lo hicieron llegar a nosotros.
Feliz año nuevo, siempre guiados de la Estrella.




