Manuel de Diego Martín
|
29 de septiembre de 2012
|
463
Visitas: 463
El lunes pasado se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de la Merced. Con este título en el siglo XII fundó S. Pedro Nolasco una orden religiosa con el fin de liberar cautivos que en aquel tiempo abundaban como consecuencia de la dominación musulmana.
En el correr de los siglos han nacido otras familias religiosas con este nombre de la Merced cuyo carisma y cometido es mostrar al mundo por medio de la Virgen María la misericordia de Dios. Y de esta manera, como fruto de la misericordia divina, ayudar a los hombres a liberarse de todas sus esclavitudes. Aquí en la ciudad de Albacete tenemos a las Mercedarias de la Caridad y a las Mercedarias del Smo. Sacramento en Barrax. No cabe duda que ambas comunidades son un regalo para nuestra Diócesis.
La Virgen de la Merced es también la patrona de las Instituciones Penitenciarias. Por eso nuestro Señor Obispo celebró en ese día la Eucaristía en la “Torrecica”. Este año la Misa ha tenido un carácter especial ya que en ella un grupo de reclusos han recibido su primera comunión y el sacramento de la confirmación.
El P. José Luis, capellán del centro me explicaba cómo se ha llegado a este hermoso acontecimiento. Yo veía, me dice, un grupo de gentes que asistían con devoción a la Misa pero no se confesaban ni comulgaban. Al invitarles a ello me hicieron saber que ellos no habían recibido la primera comunión. Les hice saber que nunca era tarde, que era posible, pero había que preparase antes. Con la ayuda de dos catequistas e logró llegar a este feliz día.
El mismo Capellán se hacía eco de lo que ha significado para ellos recibir la primera comunión al contarles sus vivencias. Nosotros, decían los reclusos, siempre hemos vivido en un ambiente de violencia, de odio, de robos, drogas… El acercarnos al Evangelio ha sido como respirar un aire nuevo, aire de paz, de amor y libertad. Para ellos era como empezar una vida nueva.
Así pues, estos muchachos seguirán en la cárcel, pero ya no son los mismos. Aunque estén encerrados, han descubierto la libertad del espíritu. Que la Virgen de la Merced cuide de ellos y cuide de todos nosotros para que superando toda esclavitud podamos vivir la libertad verdadera.