Juan Ángel Navarro

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1 de abril de 2025

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El sacerdote Manuel Francisco Valenzuela Bruque falleció el pasado 8 de marzo

Te has marchado muy pronto y has dejado una huella imborrable. Tú has sabido ser auténtico, original, único y genial, con aroma de Evangelio siempre, en tus acciones y palabras.

Nació el 23 de Julio de 1963, hijo de Fermina y de Marcelino, el segundo de 6 hermanos. Pronto sintió inclinación por ser maestro, estudió Magisterio y, al acabar hizo un campo de trabajo con las Teresianas de Pedro Poveda en las aldeas de Yeste. Quedó profundamente impactado, y allí Dios le llamó, y pronunció su nombre en su corazón. Sintió la vocación al sacerdocio, y sin dudarlo siguió la llamada.

Se preparó en el Seminario de Albacete, en Moncada, y allí ya mostró quién era: un gran amigo de sus amigos, un seguidor incansable de Jesús. Fue ordenado el 6 de diciembre de 1997 en Albacete

En Albacete pasó por diferentes lugares, pero su lugar preferido fue el Seminario Menor de Albacete, al que le dedicó días y noches. Estuvo en Madrigueras y después en Molinicos, y donde dejó una profunda huella y un gran recuerdo: Bienservida. Los seminaristas que estuvieron con él le recuerdan con cariño, con aprecio y afecto. Gran compañero y amigo de todos los trabajadores de la casa, con su rector (Florencio y Pedro Ortuño), con los seminaristas del Mayor, con los formadores (Ignacio, José Joaquín y un servidor).

Aproximadamente en el 2008 se fue a la diócesis de Jaén, a su pueblo Linares, pues su madre estaba enferma y decidió cuidarla mientras pudiera. Pasó por varias parroquias y destinos. Por su estado de salud, deteriorado, especialmente la vista, pasó a la Casa Sacerdotal, desde donde en Jaén sirvió a las franciscanas Clarisas. Allí ha estado un año y medio, siendo cuidado por las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento.

¿Qué podíamos destacar de su vida, y a la vez, qué mensaje nos deja?

Es muy fácil la respuesta: Seguir a Jesús. Seguir a Jesús, Seguir a Jesús. Seguir a Jesús. Su preocupación por los pobres, los marginados, los que tienen alguna necesidad, … ha sido algo que lo ha definido completamente. En Linares fue nombrado delegado de Cáritas. Por las noches en Linares, cuando tenía salud suficiente, salía por las noches para charlar con transeúntes de la calle o invitarles a un café. Formó un grupo de voluntarios con este cometido, y al final, gracias a su insistencia y tesón, se construyó un comedor social. Cuando su problema de visión avanzó, tuvo mucha inquietud por trabajar pastoralmente con la ONCE.

Y otro gran mensaje: No desfallecer nunca. Tener esperanza. Dios es el mejor de quien nos podemos fiar.

Cuando subió a la camilla para la operación, un trasplante de los dos pulmones con mucho riesgo, se despidió de su primo y hermano sacerdote Melitón con una gran sonrisa. Ese fue su gran regalo a quien fue, durante su etapa en Jaén, su ángel de la guarda. Siempre guardó un recuerdo imborrable de todos sus amigos y hermanos seminaristas del menor. Nos espera en el Cielo.