Manuel de Diego Martín
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27 de agosto de 2011
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El viernes pasado celebrábamos la fiesta de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, a la que el Papa Pablo VI declaró santa y a su vez patrona de la ancianidad en toda la Iglesia católica.
En la diócesis de Albacete tenemos tres residencias de ancianos cuidadas por las hijas de Santa Teresa: la de S. Antón de Albacete, la de S. José de Almansa, y la de Santa Teresa Jornet de Hellín. Es bueno tener hoy un recuerdo agradecido hacia ellas.
He asistido a las Jornadas Mundiales de la Juventud, viviendo unos días de profunda emoción religiosa y escuchando los sabios mensajes que el Santo Padre nos ha regalado estos días.
Quiero traer la memoria dos de ellos que nos ayudan a recordar la tarea de las Hermanitas entre nosotros. En primer lugar en el mensaje del Escorial a las religiosas jóvenes, el Papa nos recordaba que cada religiosa siguiendo a Jesús casto, pobre y obediente se convierte en una “exegesis”, es decir, en una explicación viva de la Palabra de Dios. Efectivamente las Hermanitas con su vida son una página viva del evangelio que nos recuerda el amor de Jesús hacia los más pobres y desamparados.
El otro mensaje tuvo lugar en la fundación de S. José, de los Hermanos de S. Juan de Dios, y nos recordaba el Papa aquello que había escrito en la “Spe Salvi” y que decía: “Una sociedad que no acepta a los que sufren mediante la compasión con el sufrimiento es una sociedad cruel e inhumana”. Gracias hermanas, porque vuestro carisma y tarea es compartir vuestro amor compasivo con los desamparados, es decir los que no tienen lugar en ninguna parte.
Cuando se oyen voces que anuncian la próxima ley de eutanasia, cuyo objetivo final es librarnos de ancianos y enfermos indeseables, ahí estáis vosotras para acogerlos con todo amor. Gracias, hermanas.