José Joaquín Tárraga Torres

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11 de enero de 2026

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Hoy es un día para renovar el bautismo. Nuestro obispo, D. Ángel Román, nos lo recuerda en cada encuentro y en cada Eucaristía: «es tiempo de renovar nuestra alegría bautismal».

La alegría debe llenar este último día de Navidad. No cerramos este tiempo de gracia, renovación, adoración, contemplación y esperanza hasta el año que viene, sino que es ahora cuando toca ser lanzados a la misión. Toca anunciar lo contemplado, llevar a la vida de cada día aquello que celebramos y creemos. Somos lanzados como cohetes -dice nuestro obispo- a la misión, a la realidad que vivimos cada uno de nosotros. Nos toca cambiar nuestros propios sueños y convertirlos en fraternidad y comunión.

Es tiempo de vivir la alegría del bautismo. Todo nace de la contemplación, de la escucha de la Palabra, de escuchar a Aquel que nos propone la marcha, la misión, el camino, la vocación. Dios llama y lo hace cuando menos lo esperamos. ¡Quién iba a pensar que en un mero rito de agua comenzara la misión de tres años apasionantes de anuncio de la alegría del Evangelio!

En nosotros, por medio del bautismo, está también la gracia de la llamada, la gracia de estar revestidos de Dios. El bautismo nos ha colmado y nos hace reconocernos hijos de Dios. Dios ha querido hacernos parte de Él, parte de su proyecto, y para eso nos dignifica. Nos unge para ser transformados a su imagen. En nosotros habita la gracia del Espíritu Santo, que nos fortalece para construir el proyecto de Dios.

Jesús es el primero y, junto a Él, vamos nosotros. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Es quien tiene las claves de todo. Por eso, lo primero es conocerle, escucharle, mantener un vínculo de amistad y seguimiento. Y cuando estás con Él, sientes que te envía, que te propone caminos. Es el camino de la vocación y la misión. Discípulos y misioneros.