José Joaquín Tárraga
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16 de febrero de 2025
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Un adolescente decía que lo de la Biblia es muy viejo, que tiene más años que Matusalén. Sin duda, la Biblia tiene años, más que Matusalén, pero su propuesta y su letra son Palabra viva, una novedad para cada uno de nosotros.
Hoy, la Palabra nos propone el mundo al revés. Donde ahora se busca la riqueza, la fama, la reputación, Jesús invita a la esperanza a los pobres, hambrientos, tristes y perseguidos. No todo está perdido: es tiempo para la esperanza.
Este Jubileo que estamos viviendo debe renovar nuestra esperanza. Vivimos en un mundo que ansía alcanzar la plenitud, pero una plenitud basada en la fama, el dinero y el bienestar. Esa plenitud nunca llegará. El mundo camina hacia una plenitud nueva, un mundo nuevo, un Reino de Dios donde ya no habrá tristeza, hambre, injusticia ni persecución religiosa.
Es momento de renovar la esperanza, de vivir con la ilusión de un Dios que promete y cumple, un Dios que ayuda y levanta, un Dios que no olvida. El Evangelio no es una evasión. Las palabras de Jesús no nacen de la ilusión, sino de ver la realidad de millones de personas que viven en medio de la injusticia y que son llamadas a la felicidad. La realidad de la vida no se cierra para ellas: hay esperanza.
La felicidad no se alcanzará cuando erradiquemos por completo la tristeza, el hambre o la injusticia, sino cuando luchemos contra ella y mantengamos viva la esperanza. El jesuita Chércoles nos decía en sus charlas sobre las Bienaventuranzas que “cada uno de nosotros también tiene sus ‘bienaventuranzas’ privadas, que no coinciden en absoluto con la apuesta de Jesús. Pero nuestra ‘apuesta’ parece estar tan amenazada que nunca llega a realizarse. Por otro lado, la apuesta de Jesús nos resulta un disparate. Es normal que lo digamos, tenemos todo el derecho a hacerlo. Pero no podemos olvidar el dato previo de que nuestra apuesta no acaba de ser del todo válida, mientras que la apuesta de Jesús ni la hemos probado: está sin estrenar”.
Es el mundo al revés. Esta propuesta, aunque dicha hace siglos, sigue siendo actual. Quizá sea el momento de probar. De actuar. De ponerla en práctica. ¿Y si el Evangelio fuese verdad?