Damián Picornell Gallar

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13 de febrero de 2021

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En muchas ocasiones hemos contemplado la escena de la curación del leproso que escuchamos en el Evangelio de hoy. Siempre nos ha impresionado la crueldad con que la sociedad marginaba a los leprosos, la mezcla de osadía y humildad de este hombre al acercarse a Jesús pidiendo curación, y la sorprendente respuesta compasiva de Jesús, que extiende su brazo y le toca.

Sin embargo, el texto resuena de una manera distinta en medio de la situación tan dramática que estamos viviendo por la pandemia de Covid-19. La lepra era considerada, en tiempos de Jesús, como un castigo divino, por el que la persona se convertía en alguien impuro a quien se debía aislar. En la actualidad, no falta quien se pregunta: “¿será la pandemia un castigo de Dios, o al menos una seria advertencia para cambiar nuestra forma de vivir?”. Por otro lado, el riesgo real de contagio conduce a una versión actualizada de la distinción entre lo impuro y lo puro: el que ha dado negativo en el test y quien ha dado positivo, entre los sanos y los enfermos. El aislamiento o confinamiento, por desgracia necesario para prevenir y curar, potencia dinámicas de individualismo y agrava situaciones de exclusión social.

Entonces y ahora, la respuesta de Jesús es sorprendente y muy significativa. Va más allá de la enfermedad, mirando a la persona que la padece, aunque eso suponga ir contra las costumbres sociales y religiosas de la época, ciertamente crueles. Nos enseña que una persona que padece lepra, Covid-19 o cualquier otra enfermedad, no “es un problema” que hay que solucionar rápidamente a toda costa, sino una “persona que tiene un problema”. Es la mirada profundamente humana del Dios revelado en Jesucristo, que podemos reconocer en tantas personas al acompañar y cuidar a sus familiares, pacientes, ancianos, amigos, que han contraído la enfermedad. Hoy pedimos a Jesús el don de su compasión (padecer-con) y de su cercanía (estar-con), para anunciar, desde nuestra condición más vulnerable, la verdadera imagen de Dios.