Manuel de Diego Martín

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11 de enero de 2026

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Una de las realidades más gozosas que recuerdo de mis años juveniles, en mi pequeño pueblo burgalés, eran aquellas misiones que se celebraban cada cierto tiempo en la parroquia, a la que llegaban unos misioneros y pasaban unos días con nosotros, con una serie de charlas, ratos de oración, confesiones y celebraciones de la Eucaristía que nos hacían sentir una renovación de la parroquia.

Tenemos la gran noticia de que este año se va a iniciar en Albacete una gran Misión Diocesana, con la colaboración de los misioneros paúles, fundados por San Vicente de Paúl, que cuentan con la experiencia de 400 años desde su fundación y con 55 años de presencia aquí, en nuestra Diócesis de Albacete. Esperamos que esta Misión, con la colaboración fervorosa de todos los diocesanos, esté llena de frutos, para que nuestra Iglesia esté más viva y sea más evangelizadora.

Este poner en marcha la Misión Diocesana, que está a punto de iniciarse, se debe, en gran parte, a nuestro Obispo, D. Ángel, que ha sentido en su corazón la necesidad de hacer una llamada a toda la Diócesis a ponerse en camino para revitalizar nuestras parroquias y vivir una vida auténtica de seguidores de Cristo. No podemos olvidar que, como bautizados, no nos queda otra alternativa que ser fieles a lo que significa nuestro bautismo precisamente en este domingo el que celebramos el Bautismo de nuestro Señor. Jesús se bautizó para seguir el camino de Juan Bautista, que invitaba a la conversión del corazón, para seguir las enseñanzas de Jesús. Manifestaban este compromiso de purificación lavándose en el agua y nada más. Pero cuando se bautizó Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre Él, y ahora el bautismo consiste en nacer a una vida nueva por la acción del Espíritu Santo. Por el Bautismo participamos de la misma vida de Jesús y no podemos dejarla morir en nuestros corazones.

La Misión Diocesana que vamos a iniciar tiene como lema “Camino contigo”. Jesús nos recuerda que nuestro bautismo nos hace ver y sentir que Él camina a nuestro lado. Mejor dicho, caminamos y vivimos en Él. Nosotros tenemos que poner en sus manos todo lo que tengamos, para poder ser en verdad evangelizadores, es decir, testigos de Jesús; caminar junto a Él para llevar adelante lo que espera de nosotros, que es conseguir una Iglesia más viva -por la que Él murió en la Cruz- y alcanzar un mundo de paz y fraternidad.