Manuel de Diego Martín
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22 de febrero de 2026
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Uno de los males que más nos impresionan y nos duelen son los grandes sufrimientos que familias enteras tienen que padecer a causa de las riadas o terremotos, y que las dejan en la calle, sin sus queridas viviendas, buscando refugio donde puedan. Este sufrimiento es mucho mayor cuando este quedarse sin viviendas, se debe a conflictos bélicos, a guerras destructoras cuya causa está en la manera de proceder de ciertos dirigentes, a quienes falta conciencia de la dignidad humana y son esclavos de su afán de poder.
Todos somos conscientes de que todo ser humano debe tener una vivienda en la que pueda vivir dignamente con los miembros de su familia. Nosotros, los españoles, por nuestra gran historia y por nuestra tradición cristiana, hemos vivido siglos con la certeza de que la vivienda es un espacio en el que los miembros de una familia encuentran el mejor lugar para el crecimiento humano y espiritual.
Estos días, leyendo las noticias y observando también lo que se vive en nuestros ambientes, me encuentro que el problema número uno de nuestra España es la vivienda familiar. Según estadísticas, el 65 % opina que la situación en que vivimos es catastrófica: viviendas carísimas o falta de viviendas de alquiler a precios razonables. Muchos no llegan, con sus sueldos, a poder pagarlas. Este es el gran problema de tantos jóvenes que quisieran iniciar su vida matrimonial, pero que, dada esta situación, no lo pueden hacer. Es cierto que al Gobierno le preocupan estos problemas y anuncia medidas, pero estas no acaban de llegar.
En medio de estas malas noticias, me llega una buenísima, de quienes intentan buscar alguna solución al problema. El otro día se firmó un proyecto entre las diócesis de Cataluña y la Generalitat de Cataluña, en el que las parroquias cederán propiedades deshabitadas y solares disponibles para ayudar a construir viviendas sociales. Tanto el arzobispo de Tarragona, como Salvador Illa salieron muy contentos del encuentro, viendo que es posible solucionar muchos problemas de la vivienda en Cataluña.
Hemos empezado la Cuaresma. Uno de los compromisos en este tiempo cuaresmal es saber compartir lo que tenemos para ayudar a los más necesitados. Esto, en el Evangelio, se llama limosna, que en hebreo se traduce por “misericordia”. El Papa León, con motivo de la Campaña de Manos Unidas, para luchar contra el hambre, en su exhortación nos recordaba, que todos debemos ser buenos samaritanos, no pasar de largo ante el que está herido, tirado en el camino. Si hoy el problema más grande de España es el de la vivienda, tenemos que hacer todo lo posible por arreglarlo, como están haciendo en Cataluña la Iglesia y las autoridades civiles.




