Video: Vivir la Liturgia

«Vivir la Liturgia»: fuente y cumbre de la vida cristiana

«Vivir la Liturgia»: fuente y cumbre de la vida cristiana
9 de febrero de 2026
|
501
Visitas: 501
La Delegación de Liturgia celebró el pasado sábado 7 de febrero el Encuentro Diocesano «Vivir la Liturgia», una jornada de formación y comunión que reunió en el Salón de Actos del Instituto Teológico (Seminario) a numerosos fieles comprometidos con la animación litúrgica en sus parroquias.
El encuentro comenzó a las 10:00 horas con un momento de acogida y oración, preparando el corazón para una reflexión profunda sobre el sentido auténtico de la celebración cristiana. La jornada contó con la presencia de la Hermana Carolina Blázquez Casado, OSA, quien ofreció la ponencia central bajo el título «El arte de celebrar».
La liturgia: fuente antes que cumbre
Inspirándose en la Carta Apostólica Desiderio Desideravi del Papa Francisco, la Hermana Carolina articuló su intervención en torno a un itinerario formativo en tres pasos: la liturgia como don de Dios que se da; la respuesta del hombre a ese don; y la transformación de la vida que brota de ese encuentro.
Partiendo de la definición del Concilio Vaticano II, que presenta la liturgia como «fuente y cumbre de la vida cristiana», la ponente invitó a comprender este binomio en profundidad: «A mí me gusta el orden al revés: fuente y cumbre. Fuente, porque todo viene de la liturgia; y cumbre, porque todo está orientado hacia ella».
La liturgia, explicó, no es simplemente un conjunto de ritos, sino «la vida de Dios dándose», el deseo eterno de Dios de encontrarse con el hombre. En palabras de la religiosa: «Antes de nuestra respuesta está su deseo de nosotros. Cada vez que vamos a misa es porque nos atrae el deseo que Él tiene de nosotros».
Un encuentro real, no un recuerdo
En un momento especialmente intenso de la reflexión, la ponente subrayó que el cristianismo no es una religión del recuerdo, sino del encuentro real con Cristo vivo. Citando Desiderio Desideravi, recordó que «no nos sirve un vago recuerdo de la última Cena: necesitamos estar presentes en aquella Cena».
En la Eucaristía —afirmó— se garantiza el encuentro entre el deseo de Dios y el deseo del hombre. «El poder salvífico de Cristo nos alcanza en los sacramentos», explicó, insistiendo en que la comunión no es un gesto simbólico vacío, sino una verdadera transformación: «No somos nosotros los que simplemente hacemos algo; es Cristo quien vive en nosotros».
Desde esta perspectiva, la vida cristiana no se sostiene en la fuerza de voluntad ni en propósitos pasajeros, sino en la gracia recibida en el Bautismo y alimentada en la Eucaristía: «El hombre nuevo no surge de la ascesis, sino del Bautismo y de la Eucaristía».
Una vida transformada
La segunda parte de la ponencia abordó cómo la liturgia transforma la vida cotidiana. La docilidad al Espíritu, la dinámica pascual (morir para vivir) y la comunión fraterna fueron algunos de los rasgos señalados como frutos de una participación auténtica.
La liturgia, explicó la Hermana Carolina, educa también una nueva sensibilidad: enseña el valor del gesto, del silencio, de la belleza, del detalle. «No es hacer cosas raras, sino hacer lo mismo de siempre con una sensibilidad distinta», afirmó. En este sentido, habló de la celebración como una auténtica “artesanía”, que requiere formación, paciencia y equilibrio entre la repetición y la novedad del Espíritu.
«La repetición no aburre cuando expresa la verdad del corazón. La verdad no es lo que se hace por primera vez, sino lo que es auténtico cada día», señaló.
Talleres prácticos y trabajo en grupos
Tras una pausa, los participantes se distribuyeron en talleres prácticos centrados en tres dimensiones fundamentales de la celebración: la Palabra, la Música y los Gestos. Estos espacios ofrecieron herramientas concretas para enriquecer la animación litúrgica en las comunidades parroquiales.
La jornada concluyó con un diálogo por grupos, profundizando en algunos puntos de Desiderio Desideravi y compartiendo resonancias personales.
Un desafío formativo
El Encuentro Diocesano de Liturgia quiso ser, una vez más, un espacio de formación, reflexión y comunión para todos aquellos que sirven en la liturgia o desean comprender mejor su riqueza.
Como señaló la ponente, existe todavía «un desafío formativo» en el ámbito litúrgico: no se trata de innovar superficialmente, sino de entrar con mayor conciencia y profundidad en el misterio que celebramos.
Porque, como recordó en sus palabras finales, «Dios ha creado todo para sentarse con nosotros en el banquete del Reino». La liturgia es, en definitiva, el corazón de la vida cristiana: el lugar donde Dios sale al encuentro del hombre y donde el hombre aprende a vivir en Él.








































