DOMINGO DE RESURRECCIÓN

16 de Abril de 2017

¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

Queridos hermanos:

“Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Sal 117). Celebramos hoy el misterio central de nuestra fe, el hecho que llena de sentido toda la vida de Jesús, porque sin la resurrección toda su obra quedaría vacía. Él habría sido un hombre admirable, genial, pero no más que un iluso y bienintencionado aventurero. 

¿Y qué habría sido de nosotros, sus seguidores? ¿Para qué serviría nuestra Iglesia? ¿Para qué la oración, la Eucaristía, nuestras tradiciones, nuestra Semana Santa, que con tanto esplendor acabamos de celebrar? ¿Para qué servirían tantos gestos de nobleza, de entrega y servicio realizados en su nombre? ¿Para qué tantas esperanzas encendidas y alentadas por Él si su vida y su mensaje han quedado sepultados para siempre tras la fría losa del sepulcro? Tiene razón San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe...; somos los más desgraciados de los hombres” (1 Cor 15,14-20), porque creeríamos en vano, esperaríamos en vano, nos alimentaríamos de sueños, nuestra esperanza sería una estafa.

A partir de la resurrección de Cristo los hombres sabemos que tenemos Padre y que no somos huérfanos; Él funda la fraternidad humana, porque resurrección de Cristo, paternidad de Dios, fraternidad y esperanza del hombre van inseparablemente unidas, formando la entraña del cristianismo.

En la madrugada de Pascua hemos escuchado las palabras del ángel y su anuncio gozoso y exultante: 'No temáis. Ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado' (Mt 28,5-6). Esta es la gran noticia que la Iglesia anuncia, de nuevo, hoy al mundo.

En todos los relatos resuenan las tres palabras claves: “¡No temáis!”, “¡Ha resucitado!”, “¡Id a anunciarlo!”.

“¡No temáis!: El mensaje de la Resurrección nos transmite una inquebrantable confianza en Dios nuestro Padre, ilumina el sentido de la vida y de la muerte, infunde una actitud positiva ante la realidad, da coraje para abordar los problemas y capacidad para descubrir los aspectos positivos de las personas y de los acontecimientos. La Resurrección neutraliza nuestros miedos, vence nuestros pesimismos, nos infunde la confianza de que el bien, aparentemente tan débil, es más fuerte que el mal. Aspiremos durante el tiempo pascual a este oxigeno vivificante.

 “¡Ha resucitado!”. La última palabra no la tiene la muerte, sino la Vida. Porque Él ha resucitado hay vida, hay esperanza. Ya no está confinado en un lugar del espacio, ni en un momento del tiempo. “La bella flor que, en el suelo/ plantada, se vio marchita, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo”.

Cristo está presente y operante en todos los rincones del mundo: en la naturaleza que despierta, en todo amor que nace, en todo logro de paz, en toda oferta de perdón que se ofrece, en toda experiencia liberadora y sanadora del hombre. Está presente en la Eucaristía, en la Palabra que se proclama, en el corazón de todo bautizado, en el ministerio pastoral, en la comunidad reunida. Abrid los ojos de la fe y ved al Resucitado.

“¡Id a anunciarlo!”. Como recordamos en nuestra Misión diocesana, el cristiano es siempre un misionero de la alegría. Frente al miedo que encoge y paraliza, la fuerza de la Resurrección dilata nuestra capacidad de acción y testimonio. Vueltos, como los discípulos, a la Galilea natal, proclamemos con nuestra conducta de hombres renovados que Cristo vive. Necesitamos que la Resurrección de Cristo haga estallar en nosotros los viejos moldes en los que la insensibilidad, la rutina o una identidad cristiana difuminada han ido dejando las huellas de sus pasos.

Queridos amigos. Hay que sumergirse en la Pascua, cantar con júbilo exultante el aleluya, reavivar la esperanza. La resurrección del Señor es el fundamento de nuestra futura resurrección; Cristo es la primicia. Que ello vivifique e ilumine nuestras oscuridades, la vida familiar y social, dé sentido a nuestras enfermedades, sufrimientos dolores.

Porque Cristo ha resucitado os deseo paz, gozo y vida nueva a todos los diocesanos.
¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos
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