Entrevista con César Tomás, hasta ahora Delegado Diocesano en Albacete de Medios de Comunicación Social

4 de Julio de 2018

César Tomás es el maestro que ha estado al frente de la comunicación eclesial en Albacete durante 18 años. Su trabajo ha estado lleno de sensatez y originalidad: nuevas publicaciones, creación de páginas web, relaciones con otros medios de comunicación, actualidad radiofónica… Tiene el carisma de un gran comunicador y la originalidad de atraer la atención de los más alejados. Ahora, el maestro deja el testigo a un grupo de discípulos. Hablamos con él.

     •- César, ¿cuándo comenzaste como Delegado Diocesano de MCS?

 Hace ahora 18 años que D. Victorio Oliver me nombró delegado diocesano de medios de comunicación. Además del programa de radio y la relación con los otros medios de Albacete, me animó, entre otras cosas, a poner en marcha una revista diocesana.

Empezamos la publicación de Iglesia en Albacete (así se llamaba al principio) en octubre de 1994. Era mensual y tenía 24 páginas con secciones fijas, noticias, opiniones, el comentario al Evangelio de los cuatro domingos del mes, etc. Después de varios años de la publicación de Iglesia en Albacete, se vio más conveniente cambiar el formato de la revista y reducirla a lo que es ahora: Hoja Dominical, sencilla, de doble folio y con periodicidad semanal como es ahora.

 Los mejores momentos de este servicio a la diócesis.

– Siempre me ha gustado mucho el campo de la comunicación, tanto la prensa escrita como la radio; por eso, me ha sido fácil disfrutar y echarle muchas horas a estas tareas. Me he considerado siempre un afortunado porque en esta tarea la creatividad se desarrolla continuamente.

Como ejemplo de lo que digo basta decir que hasta las fotos de la revista las revelábamos nosotros, a altas horas de la noche, en un cuarto oscuro que montamos en el segundo piso del Obispado (en aquellos tiempos no existían todavía las máquinas digitales).

En cuanto al programa de radio, me ha gustado siempre abrir los micrófonos a los jóvenes del instituto, a los niños de la parroquia, a gente rescatada del mundo de la droga o del alcohol, localizar y grabar por teléfono a una misionera, de la que nadie tenía noticias, después de las inundaciones en Mozambique.

 ¿La Iglesia comunica bien?

 Creo que no. En la iglesia comunicamos muy poco. Parece que tenemos pudor en contar lo que se hace en los distintos campos o sectores. No se trata de presumir ni alardear; pero sí de comunicar con sencillez y alegría lo que es testimonial. Comunicar con toda la fuerza de nuestro testimonio que Dios vive y merece echar toda la vida por Él.

Un periodista de Albacete me lo repetía en distintas ocasiones: “Nos llegan noticias a nuestros correos de muchos sectores: política, sociedad, mundo empresarial… y quieren que publiquemos todo lo que nos mandan, y sin embargo, vosotros (refiriéndose a la Iglesia) no mandáis nada cuando yo sé y he visto que cualquier parroquia o grupo cristiano genera muchísimas noticias e historias del mundo de la marginación, del voluntariado, de los misioneros, de la ayuda ejemplar a los pobres, a los enfermos solos, a los drogadictos, alcohólicos…”.

Otro detalle es que la palabra es importante, imprescindible; pero, algunas veces, en la iglesia usamos y abusamos de la palabra, no de la Palabra que se hace Carne y habita entre nosotros, sino de la palabra que se hace rollo o sermón inaguantable queriendo contar toda la biblia en una misa, repitiéndonos más que un disco rayado y posibilitando que se duerman hasta las cabras. Además de la palabra está el gesto, el signo, la imagen y el respeto a los fieles con mi oración y preparación sabiendo a quién me dirijo.

 ¿Cuáles son los retos de la comunicación en la Iglesia desde tu punto de vista?

– Entre tantas malas noticias que nos inundan, el reto principal es comunicar la Buena Noticia que es Jesucristo. Para ello, no nos podemos quedar encerrados en el templo felicitándonos mutuamente. En la Iglesia tomamos impulso para salir al encuentro de los alejados, de los que no están; porque sabemos y tenemos la experiencia de que Dios llena de sentido la vida si le permitimos entrar. El motivo de nuestro “ser iglesia” son los que no están, los que faltan a la mesa. La sorpresa es que muchos de los que nos parecen ‘alejados’ nos pueden llevar alguna ventaja. Por eso, tenemos que salir y usar todos los lenguajes actuales (una imagen vale más que mil palabras), estos nuevos areópagos que son los medios de comunicación con todas las tecnologías actuales.

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